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Opinión

El desafío pendiente de la seguridad social en salud en Chile

Dr. Óscar Arteaga

Dr. Óscar Arteaga

A fines de 2010, los países de Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es decir el club de las naciones más desarrolladas, extendieron una invitación a Chile para que nuestro país se incorporara a dicho organismo. Una de las consecuencias que ha tenido el ingresar a la OCDE ha sido que los estándares con los que nuestro país se comparaba habitualmente hayan cambiado de manera significativa, incluyendo al sector salud. Las destacadas posiciones que Chile podía exhibir en salud al compararse con países latinoamericanos, han sido reemplazadas por ubicaciones en los últimos lugares en el ranking de la OCDE en varios de los indicadores de salud, especialmente aquellos referidos a recursos.

El problema del nuevo estándar, sin embargo, no es solo uno de indicadores sino que, más importantemente, uno estructural en lo que respecta a nuestro arreglo de seguridad social en salud.

Este último tiempo varios temas vinculados a la manera en que financiamos y organizamos nuestro sistema de salud han alcanzado la agenda pública. En el Senado se inició recientemente la discusión en particular del proyecto de ley que modifica el sistema privado de salud, incorporando un plan garantizado. En marzo, después que se conocieran las altas utilidades de las Isapres en el último año, el presidente de esas entidades aseguradoras ofreció una alternativa para enfrentar el tema de las pre-existencias. También se ha difundido un estudio encargado por la Fiscalía Nacional Económica a la Universidad Católica de Valparaíso y que puso en el tapete el alto costo de las prestaciones de salud en el sector privado.

Lo que emerge como factor común en estas situaciones es el problema estructural del arreglo previsional que tenemos en salud. Al compararnos con los países latinoamericanos, en los cuales la regla es la fragmentación y segmentación del sistema en distintos tipos de seguros para diferentes grupos de población, nuestro sistema sanitario no luce tan mal. Sin embargo, al compararnos con los países de la OCDE, que han resuelto el tema de acceso y cobertura universal, se evidencian los problemas que tiene nuestro sistema de salud.

Los arreglos de seguros en salud, como FONASA o las ISAPRE, deben analizarse desde la perspectiva de la seguridad social, que nació en el mundo debido a la incapacidad de los seguros privados para resolver problemas como los que surgen debido a la naturaleza de la salud (por ejemplo, en casos de enfermedades congénitas o enfermedades crónicas, el evento ya existe y, por lo mismo, no hay nada que asegurar). Lo que hace el arreglo de seguridad social es distribuir los riesgos individuales en el conjunto de la sociedad y, por lo mismo, se sustenta en la obligatoriedad de todos los integrantes de la sociedad a contribuir al financiamiento del sistema en función de sus capacidades. Al hacer esto, el arreglo de seguridad social despliega su característica más definitoria: desliga el riesgo individual de la capacidad de contribución individual.

La decisión que debemos tomar como sociedad es si las ISAPRE son o no parte del arreglo de seguridad social. Si son parte de la seguridad social, entonces pueden participar de la recaudación de la cotización obligatoria para salud (7%), pero simplemente no pueden discriminar por riesgo individual. Si la decisión es que no son parte de la seguridad social, entonces es aceptable que discriminen por riesgo individual, como cualquier otro seguro voluntario, pero simplemente no pueden captar la cotización obligatoria para salud.

Una vez tomada esta decisión, las soluciones técnicas pueden ser diversas, con un fondo único de salud o con varios fondos y con mecanismos de reasignación por riesgo que son financiados por el conjunto de la sociedad y no por personas en función de sus riesgos individuales.

El presente 2013, que es un año electoral, nos ofrece la oportunidad de abrir la discusión sobre este tema. El camino al pleno desarrollo nos exige terminar la discriminación y fortalecer la necesaria cohesión social. Ya es hora que como sociedad, entre todos, nos hagamos cargo de esta tarea.

Oscar Arteaga H.

Viernes 12 de septiembre de 2014

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